domingo, 30 de noviembre de 2008

Pedro II

Llamé a mi hermana a Madrid y le dije que me sacara un billete para Pedro que se volvía para su casa. Tuve que contarle lo que había pasado y, lógicamente, ella se lo contó a mi hermano.
Lo sacó de casa un poco por la fuerza, sin ropa, sin nada, y se lo llevó directamente al aeropuerto

- olvídate para siempre de que tienes una mujer en Canarias. Y como se te ocurra volver a poner un pié en ésta isla te llevo directamente a la Guardia Civil, puedes dar las gracias a mi hermana de que no te haya denunciado ya.

La verdad es que yo era muy feliz con Pedro, jugaba tanto con los niños y estaba tan enamorado de mí… me hacía sentir muy especial. Era todo lo contrario de Vicente (tan reservado y nada cariñoso), me adoraba y creo que yo también a él, así que desde el momento en que se marchó me arrepentí de haberselo contado a mi hermana.

Mis hijos me veían muy triste
- Por qué no llamas a papá y le dices que se venga a vivir con nosotros?
A los dos días estaba Vicente en Las Palmas.

Allí fue todo muy mal. Seguíamos con la droga y, sin darnos cuenta, hacíamos mucho daño a los niños.
Trabajábamos con mi hermano en un puesto de frutas y verduras que tenía en el Merca Las Palmas. Vicente en el puesto atendiendo a los clientes y yo arriba en la oficina haciendo la contabilidad. Todos los días le sisábamos dinero de la caja (de las facturas que nos pagaban los clientes). Lo teníamos bien montado, nos pagaban, nos quedábamos con la pasta y desaparecía la copia de la factura. Incluso, una vez Vicente ingresó en nuestra cuenta un cheque de mi hermano de unas facturas que cobró. Los firmaba por detrás para que Vicente los ingresara en la cuenta de la Empresa. ¡Que putada!
Hasta luego a todos/as.

1 comentario:

rosscanaria dijo...

Y así terminó mi vida con Pedro. Luego empecé nuevamente con Vicente y seguimoa juntos hasta su muerte.